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Quien hoy conocemos como Maxwell pudo haber sido en realidad Clerk de apellido. Su padre, un abogado de cómoda posición, adoptó el apellido Maxwell tras heredar tierras de una familia apellidada Maxwell. ¿Se imagina Ud. hablar de las ecuaciones de Clerk en vez de las de Maxwell?.

James nació en Edimburgo el 13 de junio de 1831 como único hijo en el tardío matrimonio de sus padres. Tanto así que quedó huérfano de madre a la edad de 8 años. Esto determina que su tía Jane Cay se haga cargo de su educación, lo que lo lleva a la Academia de Edimburgo. En realidad el joven Maxwell no destacó como alumno brillante y pareció no preocuparse por las calificaciones obtenidas. Sus compañeros le apodaron "dafty", que podría traducirse como tonto o estúpido. Fue más bien autodidacta en el colegio, estudiando los temas de su interés de acuerdo a sus propios ritmos, lo que se pone claramente de manifiesto cuando a la edad de 14 años publicó su primer trabajo científico en el que describió una serie de curvas que podían ser dibujadas con alfileres y una cuerda, en analogía con la elipse. Antes de abandonar el colegio secundario, la Real Sociedad de Edimburgo le había publicado dos trabajos científicos.

A los 15 años ingresa a la Universidad de Edimburgo, siguiendo luego a Cambridge para finalmente graduarse en matemática en Trinity College en 1854. Obtuvo su primer trabajo en el Marischal College de Aberdeen (1856), de manera casi coincidente con el fallecimiento de su padre. En 1958 se casa con Katherine Mary Dewar, hija del Director, lo que no le evitará quedar cesante cuando su institución se fusionó con el King's College de Aberdeen. Es así como debe continuar buscando trabajo hasta que lo encuentra en 1860 en el King's College de Londres. Su matrimonio no produjo descendencia.

Su espíritu inquieto le lleva a incursionar en los más diversos campos de la física teórica. Así puede contribuir al estudio de los anillos de Saturno, lo que le valió el Premio Adams en Cambridge, para luego pasar a estudiar el comportamiento de los gases de manera estadística echando las bases de lo que hoy conocemos como la Teoría Cinética de Maxwell-Boltzmann. Pero sin duda su más formidable trabajo es aquél que le lleva a escribir las célebres ecuaciones que llevan su nombre, lo que le hace ser el físico teórico más recordado del siglo XIX. Estas ecuaciones funden la electricidad, el magnetismo y la óptica de una forma magistral, en una síntesis como pocas se han dado en la historia de la física. Las noticias del descubrimiento del escocés recorrieron Europa causando admiración. Se dice que Boltzmann parodió a Goethe exclamando "¿Fue un Dios quien trazó estos signos?" al examinar las ecuaciones de Maxwell. Si hubiera existido el Premio Nobel por entonces, no hay dudas que Maxwell lo hubiera obtenido. Nuestro personaje murió de cáncer (como su madre) el 5 de noviembre de 1879, en plena productividad. Fue sepultado de manera sencilla, sin honores, en un pequeño cementerio de Parton, Escocia. Como una manera de reparar esta falta de reconocimiento al padre de la electrodinámica clásica, físicos y científicos se reunieron en 1931 a conmemorar el centenario del nacimiento de James Clerk Maxwell. En esa oportunidad Alberto Einstein resumió la importancia de la nueva concepción de la física resultante de los trabajos de Maxwell al afirmar que estos cambios eran "los más profundos y más fructíferos que ha experimentado la física desde la época de Newton."

Temuco, junio de 2002