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Marya Sklodowska nació en Varsovia el 7 de noviembre de 1867 en una época en que la capital polaca, Polonia y buena parte de Europa oriental estaba ocupada por tropas rusas desde la ofensiva de febrero de 1832. Recordemos, y para situar históricamente los hechos, que fue esta ocupación la que llevó a Ignacio Domeyko a emigrar a París en julio de aquel mismo año, sin que el polaco-lituano supiera que allí comenzaba un periplo que lo llevaría luego a Boloña, Londres, Valparaíso y Coquimbo, donde en septiembre de 1838 Domeyko habría de impartir las primeras clases de física en la joven República de Chile. (Dejemos apuntado a Domeyko para una futura biografía en esta galería).

Nacida en un hogar de maestros e intelectuales, pudo dedicarse al estudio en un hogar privado de lujos o comodidades, característica que habría de marcar su vida de una vez y para siempre. Marya fue, por un lado, autodidacta, dedicada a la lectura y al estudio, con un gran poder de concentración. Por otro lado, fue dura ante las adversidades, como la temprana muerte de una de sus hermanas y luego de su madre, la falta de recursos o la limitante de ser mujer. Concibió la idea de que su hermana Bronia, a quien cuidaba y protegía, pudiera estudiar medicina en París, donde se suponía que podría encontrar menos discriminaciones en su calidad de mujer. Es así como Marya Sklodowska llegó a París en 1891.

En la capital francesa floreció su gran ambición: estudiar ciencia. Se inscribió en la universidad y aprobó rápidamente sus exámenes hacia su primer grado en física. Un amigo polaco la presentó a un introvertido científico, dedicado a la cristalografía y al magnetismo, Pierre Curie, quien en 1895 se convirtió en su esposo. Es aquí cuando se producen las condiciones para su cambio de nombre, el cual pasó a ser Marie Curie de allí en adelante y como es hoy recordada.

En 1897 se enroló en el doctorado en física bajo la dirección de Henri Becquerel, quien había recién observado que un compuesto de uranio puesto sobre una placa fotográfica protegida, era capaz de velarla. Marie estudió el fenómeno con la ayuda de su esposo, lo que habría de conducir no sólo al descubrimiento de la radioactividad y al doctorado de Marie, sino al Premio Nobel en Física 1903 para el trío (Becquerel, Marie Curie y Pierre Curie).

En 1906 Marie quedó viuda cuando Pierre fue atropellado por un vehículo (casi impensable para aquella época). Pero ella, que conoció la vida dura desde muy temprano, siguió adelante con su familia, la educación de sus dos hijos y con su dedicación a la ciencia, siendo galardonada con el Premio Nobel de Química en 1911. Es que el completo trabajo en materiales radioactivos desarrollado por Marie Curie le llevó a estudiar y clasificar las propiedades de varios nuevos elementos (más allá del uranio inicial) como radio, torio y el polonio (el nombre de este último no es casualidad).

Marie Curie falleció en 1934 de leucemia debido a sus largas exposiciones a la radioactividad, tanto en sus experimentos, como en los hospitales con los que colaboraba.

Su hija Irene Curie nacida en París en 1897, continuó el trabajo de su madre descubriendo nuevos elementos radioactivos lo que le llevó a obtener el Premio Nobel en Química, conjuntamente con su esposo Federico Joliot, en 1935. ¡Vaya familia, 5 Premios Nobel en dos generaciones! Irene Joliot-Curie (como se la conoce científicamente) murió tempranamente contribuyendo a ello las exposiciones a la radiación a que debió someterse por su trabajo desde temprana edad.