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Isaac Newton nació en la pequeña localidad de Woolsthorpe del condado de Lincolnshire. Por aquella época Inglaterra se negaba a aceptar el Calendario Gregoriano (que rige ahora en todo el mundo occidental cristiano) ideado por el Papa Gregorio XIII en 1583, intentando corregir el desfase estacional debido a la acumulación de más años bisiestos de los necesarios. Todo este preámbulo para decir que Isaac Newton nació un 25 de diciembre de 1642 según el obsoleto Calendario Juliano, pero en realidad un 4 de enero de 1643 según el nuevo Calendario Gregoriano que Inglaterra habría de aceptar finalmente el 2 de septiembre de 1752, pasando esa medianoche al 14 de septiembre del mismo año. En rigor, entonces, Isaac Newton celebra cumpleaños los 4 de enero.

Isaac nació y creció entre grandes dificultades lo que no hace sino confirmar que no hay una trayectoria clara para determinar a un gran genio de la física, como se comprueba al recorrer nuestra galería de biografías en www.profisica.cl . Fue prematuro y, por lo mismo, muy pequeño al nacer. Adicionalmente, fue hijo póstumo de un analfabeto trabajador campesino del mismo nombre. Por si fuera poco, fue rechazado desde un comienzo por el segundo marido de su madre, Hanna, quien lo dejó al cuidado de sus propios padres en Wooslthorpe a partir de los 3 años de edad. Hanna volvió a enviudar y regresó a casa de sus padres para reencontrarse con su hijo de 11 años. Para entonces Isaac había desarrollado un carácter taciturno y reservado, pero muy autosuficiente y decidido. Un sobrino de Newton (John Conduitt) recuerda una anécdota de colegio de aquellos años que refleja de alguna manera el carácter del futuro físico y matemático. Isaac era un estudiante más bien malo en término de notas en el colegio, amigo de leer a su ritmo y textos solamente de su interés. Un día otro estudiante algo más grande le propinó una patada en la barriga, lo que le causó dolor por largo rato. Al final de la jornada escolar buscó al agresor y lo desafió a una pelea abierta, la cual ganó humillando a su rival. No contento con eso, decidió derrotar a su adversario también en el rendimiento escolar. Allí comienzan sus progresos escolares, que le llevarán al Trinity College, en Cambridge, en 1661 con la intención de obtener un grado en derecho. Pero prontamente se comenzó a familiarizar con las ideas revolucionarias de Galileo, Copernico y Kepler, como también fue un asiduo lector de la “geometría” de Decartes, lo que le llevó a la esfera de influencia del afamado matemático Isaac Barrow, quien se dio cuenta de los talentos del joven Newton. Esto le valió una beca con la que obtuvo su primer grado en enero de 1665.

Justo al comienzo de sus estudios graduados explota la peste que produjo gran mortandad en Europa. La universidad cerró por casi dos años y Newton debió volver a su natal Woolsthorpe, donde pasó dos fructíferos años, prácticamente a solas con sus pensamientos. Es aquí donde se ambienta la mítica anécdota en la que una manzana que cae desde el árbol lleva a Newton a pensar que la fuerza gravitacional que hace caer los objetos, es la misma que hace girar la Luna en torno a la Tierra. Sin embargo, pareciera que la idea tomó años en evolucionar en la mente de Newton, hasta madurar en su forma final.

Al retornar fuertemente motivado a Trinity College, en abril de 1667, Newton hizo rápidos progresos obteniendo el grado de Master en 1668 y heredando la cátedra de Barrows en 1669, con lo que comienza su carrera académica formal, que le llevará más tarde a la Presidencia de la Real Academia (1703 y hasta su muerte) y a ser el primer científico distinguido con el grado de Caballero (1705, investido por la Reina Ana).

Sus contribuciones científicas fueron tardías en el sentido que transcurrió mucho tiempo desde que fueron producidas hasta que fueron publicadas. Así, claramente descubrió el cálculo infinitesimal, y lo aplicó exitosamente a varios problemas, antes que Leibnitz, pero es éste quien publica primero su hallazgo, encontrado de manera completamente independiente a la de Newton. Como el carácter de Newton (ensimismado, sanguíneo y proclive a la polémica) prevaleció en el tiempo, se enfrascó en odiosas controversias con varios científicos contemporáneos. Célebre fue su enemistad con Robert Hooke (el mismo de las fuerzas elásticas), que le llevó a postergar la publicación de su tratado de óptica hasta después de la muerte de Hooke.

Pero si hemos de cerrar esta biografía mencionando su contribución científica más importante, esta fue sin duda su célebre “Philosophiae naturalis principia mathematica”, obra en que se cimentó la teoría de la mecánica. Se componía de tres libros, en el primero de los cuales incluyó 8 definiciones y tres axiomas. Estos últimos habrían de ser llamados más adelante las Tres Leyes de Newton. Curiosamente el “Principia” se origina en una visita que Edmund Halley (el mismo del cometa) le hizo a Newton en Cambridge el año 1684 para conversar con él acerca del movimiento planetario. “¿Qué tipo de órbitas describen los planetas?”, le preguntó Halley a Newton. La respuesta fue inmediata: “Elipses, ya lo tengo calculado”. Sin embargo, Newton no pudo encontrar sus hojas en las que había hecho el desarrollo, lo que le lleva a rescribir todo de manera sistemática y de un comienzo, lo que finalmente da lugar a su obra maestra.

En sus últimos años Newton dejó sus afanes científicos y aceptó cargos de responsabilidad en la Corona. Así le llegó la muerte el 31 de marzo 1727 después de rechazar los últimos sacramentos. Esto último pese a que, mucho menos conocido que su trabajo científico, publicó voluminosos tratados sobre teología. Así, si bien rechaza los ritos, la irracionalidad y la superstición, no se opone a una idea unitaria de Dios.

Temuco, enero de 2003